Mediante preguntas incómodas, actitudes de superioridad o incluso obviando la presencia del candidato, el técnico de selección pone a prueba a la persona que tiene delante.
No se trata tanto de contrastar la información del currículum, sino de descubrir las aptitudes y competencias del candidato bajo situaciones de alto estrés.
En cualquier caso hay que mantener al máximo la calma, no reaccionar de forma agresiva o con mala educación. Nos están poniendo a prueba. Si la superamos con éxito, probablemente la siguiente entrevista será personal y en un clima natural de relación.
Por otro lado, si creemos que no estamos dispuestos a llevar a cabo una entrevista de tensión, podemos hacerlo saber al reclutador y pedir salir del proceso de selección (sabiendo que posiblemente perderemos la opción de conseguir ese puesto de trabajo). También podemos intentar enfocar el proceso hacia otro tipo de entrevista, aunque no haya garantías de éxito.
En cualquier caso, sé educado y recuerda que es una prueba (dura) que te piden superar.




