Tener una buena disposición
Escuchar se hace muy difícil si no partes de una buena disposición: pensar que tu interlocutor es un pesado, que el tema no te interesa, que tienes prisa… Todo esto no ayuda a prestar atención.
Preguntar
Hacer preguntas sobre el tema del que te hablan permite profundizar en él, demostrar tu interés al interlocutor, aclarar dudas.... Pueden ser preguntas abiertas (que el interlocutor puede interpretar a su manera) o preguntas cerradas (más concretas).
Resumir
En medio de la entrevista, o al final, puedes hacer un resumen de los puntos que consideras más importantes. Esto demuestra a tu interlocutor que le has atendido y le da la oportunidad de ampliar o aclarar algo que considere importante.
Repetir
No es una técnica que puedas utilizar con mucha frecuencia, pero hacerlo alguna vez durante una entrevista es señal de atención. Puedes repetir un punto que consideres especialmente importante o que no te haya quedado claro.
No juzgar
Muchas personas, en lugar de escuchar, no pueden evitar juzgar lo que en ese momento están oyendo. Si los juicios son negativos, estos se van a ver reflejados en un gesto de desagrado, una mueca extraña o un movimiento de negación con la cabeza. Estos elementos no animarán a nuestro interlocutor y le situarán en una posición de defensa y recelo.
Asentir con la cabeza
Movimientos cortos de afirmación con la cabeza confirman a nuestro interlocutor que le estamos escuchando y le animan a seguir hablando.
Sonreír
No parece difícil pero casi nadie es consciente de la cara que pone cuando le hablan. Algunas caras parecen mostrar un hastío o desagrado profundo. Debes intentar ofrecer una sonrisa suave, no forzada, que sea sincera y con la que nuestro interlocutor se pueda sentir cómodo cuando te hable.




