La crisis de media edad, que suele presentarse entre los 35 y los 45 años, se ha hecho cada vez más frecuente últimamente.
Tras 10 o 15 años de ejercicio profesional, se produce un momento de disrupción y reorientación de la actividad, que puede consistir en un simple cambio de trabajo o representar una reorientación más radical de la actividad.
Esto puede ser debido a diferentes motivos. En ocasiones, se trata de la aparición de una sensación persistente de tedio y agotamiento.
La exposición prolongada a un mismo tipo de actividad, que se mantiene en circunstancias similares durante muchos años, puede terminar resultando opresiva.
Otras veces predomina la sensación de haber entrado en una situación de estancamiento, en la que no hay perspectivas de mejora, posibilidades de promoción o retos capaces de estimular de nuevo la ilusión, la creatividad o la independencia personal.




